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NLRReproducimos un artículo de Nuevo topo. revista de historia y pensamiento crítico (número 8, 2011), con permiso del autor, a quien agradecemos.

Juan Grigera (1)

En la larga tradición de revistas de izquierdas la New Left Review (NLR) es sin lugar a dudas la más emblemática del marxismo inglés, y probablemente un ícono de la intelligentsia de izquierda mundial. Ese sello distintivo respecto de sus pares académicos, el de haber sido órgano o núcleo de movimientos, corrientes de opinión u otros grupos políticos, alcanzó en la NLR un estatuto singular en tanto expresión del “marxismo occidental” (y al mismo tiempo conformó su canon, al menos en lengua inglesa). “Hermana mayor” de otras revistas y proyectos editoriales (como lo fue Pasado y Presente en el ámbito local) los más de 50 años y 300 números del intimidante recorrido de la New Left no están exentos de polémicas, controversias, debates, denuncias y derrotas. Revista política al fin, en toda su dimensión, de complejo itinerario y cambiantes identidades.

Orígenes

El movimiento que dio origen a la revista era una fusión de descontentos marxistas de, por un lado, el reformismo socialdemócrata del partido laborista y por otro del stalinismo del PC británico.

Durante el espacio de debate y movilización política abierta por el conflicto del canal de Suez en 1956 (donde el laborismo por primera vez se opondría a una guerra imperialista británica (2) surgió la Universities and Left Review, con Stuart Hall y Raphael Samuel como editores y Eric Hobsbawm, Isaac Deutscher, E.P.Thompson, Rodney Hilton (entre otros) como colaboradores permanentes. Esta primera revista tenía una orientación amplia que iba desde la crítica marxista al laborismo hasta un importante espacio dedicado al pacifismo (desarme nuclear, denuncia de la guerra fría, etc.) (3) especialmente en auge entre el activismo europeo de la época.

Por otro lado, la invasión soviética que aplastó la revuelta de Hungría había derivado en la crisis más importante de la historia del PC británico, con la ruptura de un cuarto de sus miembros4 y el florecimiento de variados debates y revistas teórico-políticas que evidenciaban la vitalidad del marxismo crítico frente al gigante soviético y sus adláteres. Entre estas publicaciones surgió The New Reasoner, (5) marcadamente alineada en la tradición marxista – comunista, de clara definición antistalinista, que editaría diez números entre 1957 y 1959, contando con los aportes de, entre otros, Stuart Hall, Ralph Miliband, Peter Worsley y Doris Lessing. Después de un proceso de debate entre Universities and Left Review y The New Reasoner que los llevó a introducir subscripciones conjuntas, las revistas confluirán en la unión de sus comités editoriales bajo el nombre de New Left Review.(6)

Stuart Hall sería el editor en estos primeros años en que la revista se planteó más claramente como un movimiento político con expresión en papel: grupos conocidos como “New Left Clubs” conformaban algo como cuarenta seccionales locales de esta Nueva Izquierda a lo largo del Reino Unido. En 1962 los grupos se diluyeron y la revista decidió concentrase en “preparar la base teórica de la revolución”, cambiando claramente el eje de intervención original. Esta transformación incluyó el reemplazo de su editor hasta entonces, por quien sería su director hasta 1983 y un nombre indisolublemente unido al de la revista, Perry Anderson.(7)  El formato de la revista también cambió; comenzó a editarse como revista-libro, con artículos más largos, con referencias bibliográficas detalladas y menos notas de coyuntura e ilustraciones. La concepción editorial general de esta nueva época de la NLR estaba inspirada mayormente en Les temps modernes, la admirada revista fundada por Sartre en 1945.(8)

El apogeo: los sesenta y los setenta

La NLR trató de superar el marco nacional de sus preocupaciones por la política británica aspirando a cubrir una agenda internacional extensa. Su relativo éxito en este terreno será una característica distintiva y admirable, convirtiéndose a la vez en órgano de difusión y formadora de agenda del “marxismo occidental”. Así es que la revista introdujo al debate británico (y por extensión a todo el espectro angloparlante) varios autores continentales como Benjamin, Adorno, Korsch, Gramsci y Althusser, mediante artículos y traducciones y a otros gracias a entrevistas: Sartre, Lukacs, Althusser y Coletti. Esta tarea de formación y difusión de un canon del marxismo occidental contó en sus inicios con un acuerdo con la editorial Penguin (9) y desde 1970 con un sello editor propio, New Left Books (hoy Verso) que tradujo al inglés un sinnúmero de autores.

Pero además de difundir y validar el campo teórico – político del marxismo,  la revista se fijó una agenda propia. Este ambicioso objetivo adoptó el formato de informes y reseñas de temas globales, muchos por encargo, sobre temáticas amplias tales como una cobertura exhaustiva del tercer mundo o una sección regular de estudios detallados de cada país. A esta última serie pertenece el destinado a describir la situación de Gran Bretaña, que dio origen del famoso debate sobre “las peculiaridades de lo inglés”, la polémica Nairn-Anderson vs Thompson.(10) Entre los temas clásicos del legado revolucionario de comienzo de siglo intentaron un debate entre distintas corrientes sobre el rol de Trotsky en la revolución rusa (disparado por Nicolás Krassó, estudiante húngaro y activista de 1956) y una evaluación crítica de la tradición marxista (con artículos sobre Marx, Engels, Lenin, Luxemburg). Un informe general sobre la crisis del petróleo y la coyuntura económica encargado a Robert Brenner en los ’70 se demoró hasta el número especial de 1998, aunque es indicador de las preocupaciones editoriales de éste período. El feminismo tuvo temprana acogida en sus páginas, por ejemplo en la polémica en torno al trabajo doméstico iniciada por Wally Seccombe (11) o en la tentativa de síntesis entre feminismo y marxismo de Juliet Mitchell (12) en 1966.

Los esfuerzos “holistas” también incluían la intención de abarcar desde el campo de la vanguardia artística (en el terreno del cine supo ser cubierto por Peter Wollen) hasta debates filosóficos (con Marcuse, Habermas, el marxismo de elección racional, el evolucionismo social de W.G. Runciman). Del lado de las reseñas, bajo la forma de entrevistas o informes cuasi-periodísticos, solían encontrarse reportes de movimientos del tercer mundo, protestas estudiantiles y relatos de experiencias de alienación en variados lugares de trabajo.(13) Pero el ángulo distintivo de la NLR no residía en mero “pasar revista” sino en la habilidad para dar cuenta de estos temas con aguda profundidad teórica: muestra de esto es la cobertura del tercer mundo que rapidamente derivó en extensos debates sobre el nacionalismo (E.Hobsbawm, B.Anderson, T.Nairn), o el intercambio desigual, la naturaleza del estado postcolonial y renovados y variados ángulos sobre el imperialismo, incluyendo las extrañas posiciones de Bill Warren (quien sostenía que el imperialismo juega un rol progresivo en la difusión del capitalismo, requisito indispensable para la revolución socialista).

El “impacto” de los artículos siempre fue enorme, muchas polémicas clásicas del marxismo occidental se iniciaron y pasaron por sus páginas. Frederic Jameson adelantó la parte más sustancial de su obra sobre el postmodernismo en la revista, como también lo hiciera Mike Davis con su historia crítica del urbanismo a propósito de la ciudad de Los Angeles y su agenda de diálogo con el ecologismo. Ya mencionamos algunas polémicas, pero podríamos citar muchas más desarrolladas en NLR: Mandel, Nove y Elson sobre la planificación, Thompson, Halliday y Davis sobre el ‘exterminismo’ durante la guerra fría.(14) Asimismo están aquellos debates que se iniciaron en la revista y siguieron en otros lados, como la polémica Anderson-Thompson sobre el rol de la teoría y el althuserianismo (que continuaría en La pobreza de la teoría y en Teoría, política, historia), la polémica sobre la obra de Raymond Williams que seguiría en Politics and Letters o los dos debates Brenner: el primero sobre la transición del feudalismo al capitalismo desarrollado más detalladamente en Past and Present y más recientemente el referido a la dinámica del capitalismo desde la posguerra, cuyas reacciones se publicaron en Historical Materialism.

La NLR supo navegar en estos años los distintos compromisos políticos dentro del, a decir de Bensaid, “archipiélago del marxismo”. Por momentos más cerca de Sartre o de Althusser, del maoísmo, del guevarismo o del trotskismo inspirado por Mandel o Deutscher, la trayectoria de estos años, en promedio al menos, la aleja claramente del sectarismo. Hay que señalar sin embargo, que con el tiempo la revista se fue replegando cada vez más del “mundo exterior” y los conflictos y preocupaciones de corte más político, irrumpirán paulatinamente menos en sus páginas. Los artículos dedicados a eventos coyunturales (Vietnam, el Mayo francés, China, Angola, Nicaragua) darán paso a ejes más abstractos, como los números especiales sobre la economía global (1998), o “globalización y biopolítica” (2007). El número especial, escrito por Barnett, dedicado a la guerra de Malvinas en 1982, es una excepción y también un contra ejemplo de la alternante importancia de la política británica en su agenda.

Denuncias, desacuerdos y disidentes

A pesar de este creciente ascetismo político la revista continuará el rumbo de la izquierda europea, es decir, no podrá evitar atravesar una profunda crisis a comienzos de los ’90. El conjunto histórico de acuerdos, que incluía también ciertos silencios (hasta 1994 la revista evita por ejemplo, posicionarse sobre la independencia de Irlanda) y una definición pluralista dentro del marxismo. Los primeros conflictos se expresarían sin embargo en torno al control de la revista, cuyo proceso de trabajo seguía un “modelo feudal” o la “variante consuetudinaria del centralismo democrático”(15), bajo la figura dominante de Anderson (cuyo rol financiero en la revista siempre fue objeto de suspicacias) (16). En febrero de 1993 la mayoría de los miembros del comité renuncian (incluyendo a Ellen Meiksins Wood, Doreen Massey y los infames Quintin Hoare y Norman Geras (17) denunciando un manejo abusivo de Perry y Benedict Anderson de los estatutos de New Left Review Ltd.(18) En 1997 muchos otrora adherentes a la NLR apoyaron la creación de Historical Materialism sosteniendo la necesidad de crear una revista marxista con lineamientos similares a los de la New Left original, ante el giro liberal que se comenzaba a evidenciar en ésta.

Después de 238 números, en 1999, Robin Blackburn volvió a ceder el lugar de editor a Perry Anderson, quien inauguraría una “Nueva Serie” con renovada estética, una sección de reseñas de libro y editoriales con firma. La primera de estas titulada “Renovaciones”, firmada por el mismo Anderson, comenzaba diciendo que “el único punto de partida para una izquierda realista hoy es el registro lúcido de una derrota histórica”, para pintar luego un panorama oscuro sin posibilidad de resistencia alguna al neoliberalismo y proponer una agenda para esta izquierda que consistía en tareas críticas pero contemplativas.(19) Desde entonces la New Left Review se convirtió conscientemente en “una revista de ideas”, con una posición cercana al liberalismo de izquierda, abierta a voces por fuera no ya del marxismo sino también de la autodefinición de izquierda y más bien distantes de movimientos radicalizados o de la elaboración de cualquier proyecto político para el futuro. Los disensos políticos no acabaron, sin embargo, y el número especial por los 50 años llevó a Alexander Cockburn, miembro desde 1963, a renunciar, debido a la inclusión en la publicación de un artículo de Mike Davis sobre la cumbre de Copenhage. Le molestó que “el número aniversario estuviese signado por una adopción particularmente acrítica y acientífica del catastrofismo climático, una triste obsesión que pasa por ser de izquierda” (20).
¿Cuál es hoy el lugar de la New Left Review? Podría decirse que la NLR es hoy una revista setentista sólo en el promedio de edad de los miembros del consejo editor, o que la predicción de Boris Kagarlitsky, ante la editorial que inició la segunda serie, sobre la muerte de la NLR y su reemplazo casual por una revista con su mismo nombre se ha cumplido.(21)  Sin embargo, pareciera más lúcida la pregunta de Susan Watkins, la editora desde 2003, en el número 50 aniversario: “¿Puede un proyecto intelectual de izquierda tener la esperanza de prosperar ante la ausencia de un movimiento político?”.(22) Treinta años antes, Perry Anderson, analizando el marxismo occidental, había contestado que tal cosa no era posible. Que hayan olvidado la respuesta es tal vez un signo más de que la NLR es probablemente la continuidad cultural de un ciclo cerrado, una expresión residual, creada en condiciones sociales que no son las actuales. Reconocer esa continuidad en la New Left, antes que negarla fóbicamente, es también reconocer las múltiples herencias de las derrotas del proyecto revolucionario de los ’70.

Como buen exponente del marxismo británico lleva las marcas que el siglo XX le dejó al legado revolucionario. Si las últimas son las de la derrota, sus orígenes son notables de otro modo. Recordemos sencillamente cuando decidieron que cada miembro del comité editorial tenía que aprender un idioma y estudiar la historia, política y cultura de alguna zona del mundo. “Alguien tuvo que aprender serbo-croata y estudiar la economía yugoeslava”, dice Susan Watkins, y “otros aprendieron Mandarín, Japonés…”.(23)
Esta visión ambiciosa de las tareas del marxismo crítico es parte del legado de New Left. Una herencia digna de ser recuperada y considerada como nuestra. Una herencia digna también de ser actualizada a la luz de los desafíos del socialismo en los comienzos del siglo XXI.

Notas.

1 UNLP, UNQ, CONICET. E-mail: juan@grigera.com.ar. Agradezco las observaciones sobre la historia de la New Left a Sebastián Budgen y los comentarios del consejo editor de Nuevo Topo.
2 Mark Phythian, The Labour Party, War and International Relations, 1945-2006, Londres, Taylor & Francis, 2007.
3 Los siete números publicados entre 1957 y 1959, pueden consultarse en http://www.amielandmelburn.org.uk/collections/ulr
4 En los dos años siguientes a febrero de 1956 la afiliación cayó de 33 a 24 mil miembros. Andrew Thorpe “Stalinism and british politics”, en History, vol 83, no 272, octubre 1988, pp. 608-627 .
5 La revista surge como el relanzamiento de The Reasoner, una revista que comenzaran E. P. Thompson y John Saville en Julio de 1956 y que editara tres números y les valiera a ambos la suspensión del partido por negarse a dejar de publicarla. Los diez números de The New Reasoner pueden verse en http://www.amielandmelburn.org.uk/collections/nr
6 Stuart Hall, “Life and times of the First New Left”, en New Left Review, Segunda Serie, no 61, enero  2010.
7 Birchall, del Socialist Workers Party británico, interpreta este cambio como la pérdida de influencia de E.P.Thompson (Ian Birchall, “New Left Review: the search of a theory”, en International Socialism Journal, no 115, julio 2007). Stuart Hall, op.cit., en cambio, sostiene que fue el fracaso en desarrollar los comités regionales (y la falta de recursos para hacerlo), además de las tensiones entre éstos y el comité editorial lo que desenlazó su renuncia.
8 Gregory Elliott, Perry Anderson: The Merciless Laboratory of History, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1988
9 Los Penguin Specials incluyeron títulos hoy consagrados editados por Blackburn y Cockburn como The incompatibles, sobre el movimiento sindical y las luchas contra el congelamiento del salario a fin de los ’60 y Student Power sobre las revueltas estudiantiles de 1968.
10 La respuesta de E.P.Thompson apareció en el Socialist Register en 1965. Después de la renuncia de Hall Thompson abandonó las páginas de la NLR por 15 años.
11 Wally Seccombe, “The housewife and her work under capitalism”, en New Left Review, no 83, enero 1974 y las respuestas en los números siguientes por Coulson, Magas, Wainwright, Godelier y Gardiner.
12 Juliet Mitchell “Women: the longest revolution”, en New Left Review, no 40, noviembre 1966.
13 Una serie de artículos de historia oral compilados por Ronald Fraser, bajo el título “Work”. En los ’70 se retomaría este aspecto con la entrevista a Scargill sobre la huelga de los mineros y Cowley sobre los delegados de base.
14 De aquí surge el libro de Edward P. Thompson, comp., Exterminism and Cold War, Londres, New Left Books, 1982.
15 Ian Birchall, art.cit. y Duncan Thompson, Pessimism of the intellect? A history of New Left Review, Londres, Merlin Press, 2007.
16 Su fortuna familiar probablemente le haya permitido hacer aportes sustantivos en 1962 y en la creación de la editorial en 1970.
17 En 2006 Norman Geras, Quintin Hoare, Alan Johnson y otros impulsaron la firma del “Manifiesto Euston” (http://eustonmanifesto.org/) en el que apoyaban, “desde la izquierda” la guerra e invasión a Iraq para acabar con un régimen totalitario e impulsar la democracia, apoyaban las acciones de Bush y Blair y acusaban de antisemitas a un amplio espectro de la izquierda pro-palestina. En esta misma línea Geras sostuvo que el asesinato de Bin Laden estuvo “legal y moralmente justificado”.
18 El texto de la renuncia puede leerse aún en http://web.archive.org/web/20090103084221/http://www.etext.org/Politics/History/New.Left.Review.Dies.shtml. Otra renuncia masiva sucedió en 1983, pero los motivos no fueron publicitados.
19 Perry Anderson, “Renewals”, en New Left Review, Segunda Serie, no 1, enero 2000.
20 Jon Wiener, “New Left Review at 50”, The Nation, 22 de Marzo de 2010.
21 Boris Kagarlitsky “The suicide of New Left Review”, en International Socialism Journal, no 88, otoño de 2000.
22 Susan Watkins, “Shifting Sands”, en New Left Review, Segunda Serie, no 61, enero 2010.
23 “In Praise of New Left Review”, The Guardian, 26 de febrero de 2010.

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