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Stathis Kouvelakis, una figura destacada de la izquierda de Syriza, argumenta que ésta ha cometido errores, pero sigue siendo nuestra mejor esperanza para el cambio. Lo que sigue es una desgrabación parcial de la conferencia que Stathis Kouvelakis junto a Alex Callinicos, del SWP inglés, brindaron en Londres. Vea el debate completo en isj.org.uk o youtube.com/watch?v=FV2jCTBjlpQ. Por Ernesto Bulnes para Democracia Socialista.

Tras el acuerdo entre el Eurogrupo y el gobierno griego, existen serias razones para estar preocupado por el futuro del proyecto de Syriza.

Pero cualquier proyecto político de esa escala es una apuesta con grandes riesgos, y no hay garantías.

La posibilidad de fracaso de Syriza no cancela su victoria.

Esta es la primera vez en Europa, que un partido de izquierda radical ha ganado una elección nacional.

Hay muchas pruebas por delante. Pero ya hemos pasado una y para juzgar realmente lo que Syriza está haciendo ahora tenemos que preguntar qué lo trajo hasta aquí.

Me centraré en cuatro iniciativas estratégicas.

La primera es sobre la forma específica del partido. Syriza es una organización pluralista, que incluye varios tipos de tradiciones de la izquierda radical, comunistas, trotskistas, maoístas, movimientistas y algunos socialdemócratas de izquierda.

Debe ser visto como un proyecto para la recomposición de la izquierda radical.

Hay una versión defensiva de lo que eso significa, que dice:
Con las que fueron piezas de un gran movimiento, asociadas en el marco de una situación de derrota, éstas se fortalecen.

También hay una versión más ofensiva, que supone trabajar para superar el principio mismo de esa fragmentación, hacia la unificación y una nueva cultura política anticapitalista.

Transformación

Esto significa aceptar que no hay una cultura política que, de por sí, tenga la solución para el problema de la transformación social.

Los componentes de Syriza no constituyen meramente un mosaico. Ellos deben comunicarse entre sí, en una relación mutuamente crítica para explorar nuevos caminos y prácticas.

El logro de esta unificación es todavía un proceso en curso en Syriza.

Pero esta es la única forma en que la izquierda puede superar el trauma de las derrotas del siglo XX.

La segunda iniciativa estratégica de Syriza es sobre cómo se relaciona con los movimientos.

Su espectacular crecimiento no se puede entender sin el ciclo de poderosas movilizaciones sociales que Grecia ha experimentado.

Todo el ambiente de movilización, de tensión, de polarización, de violencia incluso, no tuvo nada que ver con la secuencia socialdemócrata habitual.

Pero esto no ha sido un proceso lineal. Los 32 días de huelgas generales, los cientos de miles de personas tomando las calles, no han parado una sola medida de los «memorandos» de austeridad.

Un punto de vista político era necesario, esa conciencia fue la que preparó el terreno para el momento de la iniciativa política.

Syriza capturó la imaginación de las personas, proporcionando una traducción política que faltaba hasta el momento.

En 2012 Syriza propuso un gobierno, no solo de Syriza, sino uno unitario de toda la izquierda anti-austeridad.

Esto transformó la situación. Fue la condensación política de los movimientos, necesaria para impugnar de manera efectiva el poder de las clases dominantes.

Esta capacidad de traducir la dinámica de la lucha social en un desafío político se corresponde directamente con la forma partido que articula diversos componentes en un solo proyecto.

Otros grupos de izquierda pagaron un alto precio electoral por rechazar el llamado de Syriza. Y la división de la izquierda radical tuvo consecuencias devastadoras.

La tercera iniciativa estratégica es sobre el programa de Syriza.
En cierto modo, se trata de una versión de lo que suelen llamarse reivindicaciones transicionales. Parece modesto. Pero se trata de la línea correcta en la situación específica, romper con la austeridad y la «troika» que la ha estado imponiendo.

Las grandes rupturas en la historia no suceden en el nombre de los grandes diseños. Ocurren cuando las demandas aparentemente modestas, correspondientes con necesidades vitales, no pueden ser satisfechas sin cambiar toda la estructura social.

La revolución rusa no se hizo en nombre del socialismo. Fue hecha por tierra y paz inmediata.

Historia

Sin embargo, es el experimento más importante de la revolución socialista en la historia humana.

En cuarto lugar está la cuestión del poder. Hay una estrategia que se remonta al revolucionario italiano Antonio Gramsci.

Él (como el revolucionario ruso Vladimir Lenin) se preguntó por qué el modelo ruso de la revolución no ocurrió en Occidente.

En el centro de la estrategia de Gramsci es la relación entre la «sociedad civil» y «sociedad política».

Por «sociedad civil», se refería a la amplia red de organizaciones que estructuran la vida colectiva en las sociedades avanzadas. La sociedad política es el Estado en el sentido estricto del término.

Las masas están presentes en ambas, pero de forma desigual. Las organizaciones de la sociedad civil, estructuran su vida colectiva.

 Mientras tanto, las instituciones del Estado estructuran su representación y acción política.

Gramsci llamó a su estrategia de «guerra de posiciones». Nicos Poulantzas y la tradición eurocomunista reformularon esta como la «vía democrática al socialismo».

La clase trabajadora y las clases populares tienen que aparecer como una fuerza líder en la sociedad civil. Y tienen que desafiar a la sociedad política y desmantelar el núcleo represivo del Estado.

En ambas esferas construyen redes y organizaciones que constituyen su capacidad para dirigir la sociedad y hacerse con el poder real.

Todo lo que es democrático dentro de la democracia burguesa ha sido el resultado de las luchas populares.

Así que esta es una estrategia de democratización, en el profundo sentido de estimular y ampliar la participación de la clase obrera y de las clases populares en la vida colectiva.

El camino democrático no es un camino electoral. Las elecciones son un paso necesario, pero de ninguna manera suficiente.

Una estrategia que no respeta la división entre lo económico y lo político, o reduce la política sólo a la acción Parlamentaria.

Es una combinación de las luchas. Y la experiencia griega proporcionó el terreno para poner a prueba esta hipótesis estratégica.

Riesgos

Existen riesgos. Marx y Engels analizaron algo de esto mucho antes de Gramsci.

Engels defendió la posibilidad de ganar las elecciones como una forma de acceder al poder.

Sostuvo que las clases dominantes reaccionarán a los avances de los partidos socialistas con la violencia contrarrevolucionaria.

Pero debemos dejar a ellos la iniciativa de romper con la legalidad y el orden constitucional.

Engels utiliza la metáfora de los esclavistas de los «Estados Confederados» que se levantaron contra los EE.UU. en 1861.

Esta misma violencia contrarrevolucionaria se desató en Chile en 1973 y en 1967 en Grecia.

Así, cualquier proceso serio de cambio social que no se autodefienda, no debe tomarse en serio.

Otro riesgo es que si el partido no transforma el Estado, el Estado va a transformar el partido.

El Estado no es neutro, es un estado capitalista que reproduce las relaciones muy específicas de dominación.

Sabemos por experiencia que esta «estatización» de los partidos políticos, incluso puede comenzar antes de la conquista del poder. No pretendo que Syriza haya quedado al margen de esto.

Pero existe un ámbito estratégico donde Syriza aún tiene que tomar la iniciativa que necesita para tener éxito.

La hegemonía ideológica de las clases dominantes de Europa se ha basado en la narrativa de la integración europea.

La creencia de Syriza, de que puede transformar las instituciones europeas desde dentro, es una ilusión que refuerza esta narrativa.

El retroceso en el Eurogrupo no fue una traición. Hubo enfrentamiento real. Las instituciones querían arrodillar al gobierno de Syriza, porque se trata de una amenaza real para ellos.

Pero el gobierno de Syriza siguió una estrategia errada y para recuperarnos tenemos que decir la verdad.

El hecho de que lo presentara casi como un éxito es, de algún modo, más grave que el propio retroceso. Ello prepara el terreno para su posterior derrota.

Una estrategia alternativa es posible. Esto significaría romper con la zona euro, o por lo menos el uso de esa posibilidad como una amenaza.

Esta va a ser una batalla muy dura, y responsabilidad de toda la izquierda radical. Las manos de Syriza están atadas, y si no hay un cambio en la estrategia, el riesgo es de acabar con una nueva versión de la austeridad.

Esto permitiría a la derecha y la extrema derecha reorganizarse y contraatacar.

Es por eso que tenemos que ser creativos. Aquellos que creen en la hipótesis de que «los reformistas fracasarán y la vanguardia revolucionaria estará esperando en los flancos para dirigir las masas a la victoria», están viviendo fuera de la realidad.

Necesitamos construir nuevas formas de trabajar juntos para ganar esta batalla decisiva para el futuro de las fuerzas anticapitalistas en Grecia y Europa.

Este artículo es un extracto, editado de un debate organizado por la revista Socialismo Internacional (SI).

Stathis Kouvelakis es miembro del ala izquierda líder del comité central del Syriza. El editor de IS, Alex Callinicos responderá en la edición de la próxima semana. Él es miembro del comité central del Partido Socialista de los Trabajadores.

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