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Eduardo Lucita

En momentos que se verifica un importante avance de la derecha en América Latina y particularmente en nuestro país, se divide el acto para conmemorar la fecha por excelencia del movimiento obrero internacional.

No cabe duda que en los últimos años la izquierda, en sus distintas vertientes, ha conquistado un lugar en la sociedad. Sea tanto al frente de los conflictos sociales como en los momentos electorales, y que de una u otra manera incide en los procesos políticos en curso.

Esto es particularmente significativo en el caso del FIT, un frente electoral que, aunque limitado en su composición, ha logrado una veintena de cargos institucionales y que se ha convertido en una referencia nacional para otros agrupamientos sean de la izquierda más radical y clasista, de la llamada Nueva Izquierda o de la Popular, también de muchas individualidades. Incluso de aquellos que no lo votan pero no pueden obviar su presencia.

Para cualquier observador la coyuntura reabre un espacio para la izquierda. El capitalismo está ingresando en un período de estancamiento de larga duración, los conflictos geopolíticos se multiplican al compás de la crisis y en América latina los gobiernos progresistas han tocado sus propios límites, mientras que en nuestro país con una derecha empresarial a cargo de la administración del Estado las cosas son ahora mucho más claras.

En el período anterior -con viento de cola, intervencionismo estatal y asistencialismo social- la izquierda y los movimientos sociopolítico-culturales, tuvieron dificultades para caracterizar al kirchnerismo y sobre cómo pararse frente al Estado. De alguna manera estas dificultades permitirían –haciendo un esfuerzo- justificar la dispersión de fuerzas y el divisionismo, a pesar de esto el período vio nacer al FIT, que no obstante las disputas internas significó un progreso que logro mantenerse como alianza electoral.

Pero hoy, cuando es claro que “o son ellos o somos nosotros”, cuando es mucho más transparente y evidente la confrontación de clases y cuando es necesario avanzar en la unidad social para hacer frente a la fortísima ofensiva del capital y el Estado y en las alianzas políticas para disputar políticas públicas y marcar una orientación anticapitalista, cuando es muy evidente que se necesita algo más que una alianza meramente electoral, las tendencias a la dispersión y el fraccionalismo en lugar de ceder parecen son cada día mayores.

Es cierto que en esta etapa la globalización del capital concentra, centraliza y homogeniza “por arriba”, mientras escinde, fragmenta y heterogeniza “por abajo”. Pero a esta tendencia general entre nosotros se le agregan las disputas estériles y las políticas de auto construcción, todo redunda en el sectarismo, que es patrimonio de la izquierda organizada partidariamente, pero al que no le escapan algunos movimientos y agrupamientos menores.

Solo recordar que tiempo atrás un acuerdo entre dos dirigentes, cuyas figuras superan su acotada representación sindical – Sobrero UF/Santillán SEOM- permitió el nacimiento del Encuentro Sindical Combativo, al que el PO no le otorgó relevancia alguna y lo ninguneó, mientras que el PTS se bajó a poco andar. No obstante otras fuerzas menores se sumaron hasta que a fines del año pasado el SEOM expulsó de sus filas a un delegado que milita políticamente en el PTS, cuando el conjunto de los partidos de izquierda y las corrientes que integraban el ESC les hicieron llegar su desacuerdo porque los argumentos explicitados no justificaban la gravedad de la medida, el SEOM se retiró del ESC y le dio el certificado de defunción.

No es este el único antecedente, este año ya se acumulan dos que de conjunto significan una escalada en la situación. Por un lado el fracaso del Encuentro Sindical del 5 de marzo pasado, que había despertado grandes expectativas entre agrupaciones y activistas no encuadrados y por el otro este acto del 1° de Mayo dividido.

En el primer caso todo inició con el veto al MST. Una vez resuelto este “problema” comenzó la discusión en torno a los criterios para conformar la mesa convocante y también los oradores, por detrás de esto estaba también el debate si se conformaba una coordinación con carácter permanente o era solo un acto. Cuando ya estaba todo preparado y promocionado el encuentro se levantó sin mayores explicaciones pero plagado de acusaciones cruzadas. El PO responsabilizó a las otras fuerzas del naufragio del encuentro. El Nuevo MAS al PO de separarlo de la actividad con maniobras burocráticas, el PTS acusó al PO, IS y Rompiendo Cadenas de proscripciones burocráticas y de vetarle delegados. Finalmente IS al PO y al PTS de actitudes divisionistas. Mientras tanto el MST, por fuera del círculo cerrado del FIT, descargaba munición gruesa.

Afortunadamente parte del FIT (PO y PTS) y el sindicalismo clasista y combativo participaron con una columna propia en la multitudinaria concentración de ayer convocada por todas las centrales sindicales, al mismo tiempo una lista unitaria, antiburocrática y de clase ganaba la dirección del SUTNA, algo similar sucedía con el aplastante triunfo de la lista unitaria en el SIPREBA. Síntomas de que algún criterio de racionalidad de clase sobrevive entre tanto dislate. Sin duda son puntos de apoyo nada despreciables.

Pero el divisionismo vuelve a hacer de las suyas y se replica para este Primero de Mayo. Esta vez el sisma lo provoca la situación en Brasil. El PTS argumenta que se trata de un golpe institucional que tendrá impacto en toda América latina y que este tiene que ser el eje internacionalista del acto del 1° de Mayo. El PO coincide en términos generales con la caracterización del golpe y sus consecuencias, pero considera que el caso Brasil no puede hegemonizar el acto, además privilegia la unidad por sobre las diferencias y obviamente no está de acuerdo en abandonar el emblemático escenario de la Plaza de Mayo. Para IS por el contrario no hay ningún golpe se trata de disputas interburguesas en el marco de un proceso de descomposición del régimen y un gran descontento popular, no obstante también privilegia el acto unitario.

Finalmente el PTS hará su acto frente a la embajada de Brasil el 30/4, mientras que el PO e IS, acompañados por Rompiendo Cadenas –que previamente hará su ya tradicional acto en Plaza Lorea- y otros agrupamientos menores, lo harán el 1/5 en Plaza de Mayo. El MST por su parte lo hará en el Parque Centenario. Es claro que los debates en curso son importantes y deben darse, pero no tienen tal entidad como para recrear una y otra vez el divisionismo estéril. Se trata de que una vez más el interés de los partidos primó por sobre la necesaria unidad social de la clase.

Una vez más los desacuerdos se colocaron por sobre el interés de los trabajadores y los sectores populares. El acto unitario que fuera anunciado a mediados de abril fue fracturado sin argumentos convincentes, porque nada impedía que cada partido “bajara su línea”, como ha pasado otras veces.

Es cierto que en numerosas oportunidades en las últimas décadas hubo múltiples y simultáneos actos de la izquierda, pero era un tiempo en que esta no era una referencia, que no tenía una identidad nacional como si la tiene ahora y la responsabilidad política que esto implica. Lo que en realidad está en disputa es la discusión al interior del FIT, que viene desde el inicio pero que ahora está acicateada por los resultados de las últimas internas.
Es cierto que las responsabilidades no recaen siempre sobre los mismos, pero hay un hilo conductor que no es otro que el patriotismo de partido. Así las cosas, y habida cuenta que estamos frente a una escalada de los enfrentamientos intestinos y sectarios se abre un nuevo interrogante.

El debate ya no es si hay que ampliar o no el Frente, cómo y con quiénes, sino ¿qué pasará con el FIT de ahora en adelante? Se presenta una disyuntiva: el FIT aún con sus contradicciones internas y su sectarismo representó un progreso y su desarticulación será un claro retroceso, pero al mismo tiempo su permanencia como está no sirve para mucho, es apenas una colectora de votos, porque en los cargos institucionales ganados no actúan como un bloque y en las luchas sociales cada uno de sus componentes actúan haciendo la suya.

Se nos presenta entonces una certeza: el FIT fue muy útil para la etapa anterior, pero así como está no es útil para esta nueva etapa caracterizada por la ofensiva del capital y su Estado y la lucha de clases abierta.

Nada es seguro ni definitivo, pero tal vez sería bueno reflexionar si no llegó el momento de barajar y dar de nuevo, tanto para recomponer el FIT como para crear algo nuevo. No vaya a ser que el filo venga de otra hoja.

Eduardo Lucita
Abril 30 de 2016.

*Nadir: En astronomía identifica el punto de la esfera celeste diametralmente opuesto al cénit.
En literatura es el momento en que el héroe llega a su punto más bajo.

  1. Lucas Malaspina Responder
    Coincido en que el FIT se desarrolla en dirección a la obsolescencia. Pero eso es precisamente por su autismo frente al avance de la derecha, en lo cual el asunto de Brasil no es una excusa faccional, sino una cuestión clave. La razón le asiste al PTS en ese punto y es menester reconocerlo más allá de que hayan actuado de manera ultra-sectaria al evitar que otros grupos valiosos participen aunque sea secundariamente del armado del FIT. No se puede marchar hacia una amplia unidad contra el avance de la derecha con sectores como IS o el PSTU que padecen un ultra-izquierdismo infantil y que ve un "Que Se Vayan Todos" a la 2001 donde se producen conspiraciones pro-imperialistas (por más que estas tengan -y tienen- una base de masas). Saludos cordiales.

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