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*Tárzia Maria de Medeiros y João Machado

Traducción de Silvia Said para Democracia Socialista

La votación realizada en la Cámara de Diputados el día 17 de Abril, que aprobó el inicio del proceso contra Dilma, fue un circo horroroso. Reveló lo que ya sabíamos: el parlamento brasilero está , de hecho, compuesto por lo más despolitizado, conservador, racista, misógino, fundamentalista e ilegítimo de la historia de esta casa. Durante la votación se repitieron las declaraciones de los diputados y las diputadas: “por Dios, la familia, el país…”, la peor fue la declaración del diputado Jair Bolsonaro, quien dedico su voto al Coronel Ustra, uno de los principales torturadores y asesinos de la dictadura militar, quien torturó a la Presidenta Dilma Rousseff durante su detención en aquel régimen de excepción, cuando fueron asesinados centenares de militantes políticos.

Muchos diputados justificarán el apoyo al impeachment por la gran impopularidad del gobierno de Dilma y por los casos de corrupción asociados al PT. Esto no tiene sentido: Temer y el PMDB, segundo en las encuestas, son tan impopulares como Dilma y están implicados de manera directa en los casos de corrupción que hasta ahora han sido relevados. Cerca del 60% de la población defiende la renuncia y el impeachment de ambos.

El PSOL con su bancada de seis diputados se posiciona contra el impeachment por entender que el proceso no tiene ninguna legitimidad, ya que es una completa farsa.

A pesar de que la izquierda socialista se ha posicionado en su mayoría -correctamente – contra del golpe y en defensa de la “democracia” existente en Brasil (salvo una parte minoritaria de la izquierda socialista, sin representación parlamentaria, defendió la abstención en la votación del 17), los acontecimientos nos obligan a reflexionar sobre las diferencias y límites existentes entre la defensa de los derechos democráticos del pueblo y la defensa del Estado democrático de derecho y de la democracia representativa. Una parte considerable de la población brasilera solo conoce el brazo armado del Estado. Para ellos, como decía José Saramago. “la democracia es una santa en el altar de la que ya no se puede esperar milagros”. Los trabajadores y las trabajadoras, la juventud, las negras y los negros exterminados en las periferias de las ciudades, en una verdadera guerra civil e higienista, desconocen lo que se podría llamar democracia en este mismo Estado democrático de derecho.

Visto que la “democracia” fue “secuestrada, condicionada, amputada”, y que los derechos conquistados a duras penas y garantizados en cláusulas pétreas de la democracia representativa dominada por el poder económico, entonces solo nos queda reivindicar la Democracia Real Ya, conquistarla en las calles y en las luchas por el 99%, arrancársela de mala gana al 1% de los poderosos del mundo, como una alternativa de resistencia y de avances posibles.

Por otro lado, es preciso denunciar las medidas que comenzaron a ser puestas en práctica por el gobierno de Dilma para enfrentar la crisis económica, que afectan a lossectores más pobres, además de las medidas antidemocráticas, como la Ley Antiterrorismo. El PSOL, por medio de sus instancias de dirección y de sus portavoces, se expresa contra el ajuste fiscal y el recorte de derechos de los trabajadores, la tercerización y la nueva reforma del sistema de pensión social, contra la criminalización de la protesta, además de otras iniciativas del gobierno o que contaron con su apoyo.

Es cierto que una nueva etapa de resistencia y cambio se anuncia; Dilma continuará siendo la presidenta, por algunas semanas, hasta que el Senado confirme la apertura del impeachment (lo que seguro sucederá). Mas es evidente que ya no gobierna. Esto no será el fin del proceso: las crisis económicas y políticas tienden a agudizarse. El factible gobierno de Michael Temer debe enfrentarse con una resistencia fuerte, y recurrirá al aumento de represión, valiéndose, inclusive, de leyes aprobadas durante el gobierno de Dilma.

Con la ilegitimidad que rodea al Congreso Nacional y a Temer, debería caber al pueblo, convocado a través de mecanismos como el plebiscito, referéndum o elecciones generales, definir quién irá a conducir los rumbos del país. Sin embargo, son pocas las posibilidades de revertir la situación dentro de la institucionalidad; debe ser acompaña necesariamente de la ocupación de las calles, las luchas y campañas ya existentes. Todo proceso de lucha y resistencia pasa por los movimientos que protagonizan la escena política en este momento de nuestra historia

Una cuestión fundamental, naturalmente, es la unificación de la izquierda, difícil en este momento. Los sectores que hicieron oposición por la izquierda a los gobiernos del PT, ahora divididos, deben reunificarse. Pero los sectores identificados con el PT, que estará fuera del gobierno federal, ¿cómo actuarán?

Es preciso articular la denuncia del golpe con la lucha por los derechos populares, a favor de realizar las verdaderas reformas – agraria, urbana, tributaria, política – por las cuales, al lado de demandas históricas y no realizadas (como por ejemplo las demandas climáticas), lucha el pueblo brasilero. La resistencia es fundamental, incluso para detener la criminalización de los movimientos y luchadores del pueblo. Lo que la coyuntura nos exige hoy es grandeza para la construcción, en simultáneo, de la unidad de la izquierda y de las fuerzas populares y de una plataforma de luchas que de cuenta de nuestros desafíos.

*Miembros de la dirección nacional del PSOL

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