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Traducción de Valentín Huarte

            Este texto de Althusser es un largo extracto de una carta a Maria Antonietta Macciocchi, datada el 15 de marzo de 1969. En principio, se inscribía en un proyecto de publicación de intercambios epistolares entre el filósofo francés y la candidata comunista a la diputación en Nápoles (durante mayo de 1968), y en efecto, el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli publicó la obra en 1969 bajo el título Lettere dall’interno del P.C.I. a Louis Althusser. Una traducción francesa era considerada en Maspero. De todas formas, el proyecto original fue abandonado: Althusser dio marcha atrás ¿Por qué Althusser abandonó  así a Macciochi? Parecería que dos razones deben ser tenidas en consideración. En primer lugar, es posible que Althusser haya cedido a las presiones del P.C.F. (solidario del P.C.I. en el asunto), y que no haya querido hacer pública una crítica al funcionamiento del P.C.I.[1] (las reacciones de los comunistas italianos frente a la obra de Macciocchi fueron muy negativas). En segundo lugar, es igualmente probable que Althusser haya retirado sus cartas sobre todo para sustraer al público francés la última: la del 15 de marzo de 1969, que desarrolla una interpretación detallada de los acontecimientos de mayo del ’68, y particularmente su crítica  en referencia a la pérdida de contacto del Partido con el estudiantado. Dicha interpretación de Mayo no procede conforme a la versión oficial del Partido. De todas maneras, habría que decir que Althusser dio una idea de su interpretación de Mayo al lector francés en un artículo publicado en 1969 en la revista comunista La Pensée[2], artículo publicado en respuesta a un artículo de su antiguo alumno (y amigo) Michel Verret, por lo tanto un artículo tal vez limitado por su intención polémica. De cualqueir manera, la carta a Macciocchi del 15 de marzo de 1969 sigue siendo el análisis más desarrollado que Althusser ha proporcionado del movimiento de Mayo.

            Si la obra de Macciocchi no ha sido traducida in extenso al francés, sí ha sido traducida al inglés por Stephen Hellman en 1973 en las ediciones NLB. Es a partir de esa versión que hemos traducido la carta de Althusser. Acompañamos un breve resumen del comienzo de la carta para hacer la lectura perfectamente inteligible.

 

            Althusser comienza por explicar en qué consiste Mayo: el encuentro histórico de dos tipos de acciones, el encuentro de la lucha de clase de las masas de obreros y empleados franceses y de las acciones de los estudiantes universitarios, alumnos de secundarios y jóvenes trabajadores intelectuales. Se trata de un encuentro histórico que no ha dado lugar a una fusión. El encuentro tuvo lugar en la manifestación del 13 de Mayo, manifestación unida bajo la reivindicación <¡Diez años, es suficiente!>, una reivindicación política negativa. Pero de dicha manifestación, Althusser retiene igualmente el desacuerdo objetivo entre las reivindicaciones obreras y las reivindicaciones estudiantiles. Los estudiantes e intelectuales (con Sauvageot y Geismar a la cabeza) no demandaban simplemente un cambio de gobierno (<¡Diez años, es suficiente!>) sino, simplemente, <la revolución>. Esa llamada revolucionaria tomó la forma, en algunos casos, de reivindicaciones anarco-sindicalistas (que representaban una síntesis del anarquismo que dominaba en ese momento entre los estudiantes y el revolucionarismo de los doctrinarios del SNES-SUP y de la UNEF): <¡Poder obrero!>; <¡Poder estudiantil!>; <¡Poder campesino!>.

            Pero la inmensa masa de trabajadores tenía en su cabeza metas completamente diferentes, que tomaban la forma de reivindicaciones políticos defensivos (<¡Diez años, es suficiente!>) y de reivindicaciones de la lucha de clases económica.

            Este desacuerdo marcó el tono de la serie de los acontecimientos (en sentido a la vez cronológico e histórico).

            Los estudiantes ocuparon la Sorbonne y el Odéon y los hicieron sus bases de agitación ideológica. Algunos obreros, jóvenes y otros menos jóvenes se acercaron libremente a esos lugares.

 

*   *   * 

 

            Los estudiantes, por su parte, buscaban excederse los unos a los otros en su deseo de “servir al pueblo” y de “ayudar a los obreros”, y es en ese espíritu que se dirigieron a las puertas de las fábricas para ofrecer sus servicios. Al principio las puertas se abrieron para ellos casi en todas partes, pero más tarde (con ciertas excepciones, por ejemplo Flins, donde no hay rejas) permanecieron cerradas, para gran desilusión de los militantes estudiantiles. En ciertos casos (Flins, Cléon, Nantes, Sochaux), los estudiantes los estudiantes pudieron participar directamente en violentas batallas provocadas por la intervención del CRS en las fábricas. Un joven estudiante murió, en Flins, y dos obreros fueron asesinados por golpes de fusil en Socheaux (enfrentamientos los cuales el CRS tampoco sorteó ileso).

            Pero de una manera general, las masas de trabajadores no respondieron a la invitación entusiasta de los estudiantes. Había una brecha demasiado visible, y por consecuente una falta de comprensión, entre los estudiantes animados con esperanzas utópicas (ideológico-políticas) y los trabajadores preocupados por sus reivindicaciones inmediatas.

            Algunos estudiantes pensaron explicarlo, de una manera un poco demasiado simplista, por la “traición” de los dirigentes de la CGT y del PCF. Es una explicación simplista porque no es una explicación marxista-leninista creer en el rol determinante de los líderes en un movimiento de masas de esa proporción. La verdad es que la clase obrera en su conjunto, y no simplemente sus dirigentes, no estaba dispuesta, en general, a seguir las propuestas estudiantiles, que reposaban más sobre sueños que sobre una comprensión de la realidad.

            La clase obrera sintió que corría el riesgo (dada la inexperiencia de los estudiantes en la lucha de clases) de ser conducida a una aventura peligrosa.

            Esa es la razón por la cual la clase obrera continúa, sin ellos, siguiendo su propio camino, y fundándose sobre su propia experiencia. Este camino, por supuesto, no era ni podía ser el camino que indicaban los “líderes” estudiantiles, Geismar, Sauvageot y más tarde Herzberg, en sus numerosas declaraciones – declaraciones que la radio y la prensa burguesas se daban el placer de transmitir (la burguesía no es tan estúpida como los líderes estudiantiles piensan). (Dicho al pasar, Geismar y Herzberg no eran ellos mismos estudiantes, sino más bien docentes e investigadores: Geismar era miembro del PSU y Herzberg era miembro del PCF – fue inmediatamente excluido). Esta es igualmente la razón por la cual la clase obrera vio con malos ojos la gran reunión del PSU (Partido Socialista Unificado, que en esa época haríamos mejor en llamar Partido Socialista de la Universidad) en Charléty. Es así que, en la práctica, la clase obrera resolvió sus problemas sola: en primer lugar, el problema de sus reivindicaciones; al mismo tiempo, en ciertos casos, el problema de su relación con sus propios dirigentes, problema que era absolutamente secundario dada la situación. Ese segundo problema, sin importar en qué situación, es el problema de la clase obrera y no tiene nada que ver con los estudiantes. Los estudiantes deberían aceptar esa idea tan simple, incluso si tienen dificultades para comprenderla.

 

            La clase obrera retomó el trabajo. La vuelta al trabajo se hizo en una atmósfera de victoria, viento en vela. En otros casos, debió hacer frente a serios problemas respecto a ciertos responsables sindicales. Pero todo volvió a un estado normal. Pero ciertas cosas habían cambiado. El poder adquisitivo había aumentado momentáneamente. Los sindicatos habían conquistado derechos cívicos básicos en las fábricas (en Citroën, había sido realmente una victoria). Y, sobre todo, la clase obrera había comprendido (y esto estaba grabado definitivamente en su memoria) que la acción de masas había tenido éxito de la noche a la mañana en sembrar el terror entre los patrones, el gobierno y el Estado, que dicha acción era entonces posible, y que tal acción, un día, podría conducir a algo de lo que la clase obrera ha oído – después de la Comuna de París, después de 1917 en Rusia y 1949 en China: la Revolución Proletaria.

            Luego de que la clase obrera retornara al trabajo, los estudiantes <continuaron el combate>, con la famosa reivindicación: <¡No es más que el comienzo, continuemos el combate!>. ¿Comienzo de qué? Y ¿cuál combate?

            Después de lanzar estas preguntas, no voy a decir que nada ha comenzado. Al contrario, algo fundamental ha comenzado para los estudiantes universitarios, para los estudiantes secundarios, los alumnos del CET y para los jóvenes trabajadores intelectuales, pero algo que no es más que un comienzo ¿Comienzo de qué? Los estudiantes piensan que es el comienzo de la revolución. En un largo plazo, está bien, pero ese comienzo no era algo que pudieran conducir a su término: es la clase obrera la que puede terminar ese proceso, clase obrera que no esperó Mayo para <comenzar la lucha> (la ha comenzado hace más de un siglo). Si este es el caso, entonces, ¿qué es eso que comienza para los estudiantes? <¡Continuemos el combate!> Bien, el combate continúa, o mejor, en realidad, ha declinado y, en los próximos meses, al menos en Francia, se va a dirigir más y más hacia la completa desintegración, al menos en el medio estudiantil, de eso que los estudiantes llaman, en términos exageradamente ambiciosos, el <Movimiento Estudiantil>.

 

            Dicha desintegración ya ha comenzado en Francia. Ha tomado primero la forma de una proliferación de grupúsculos, y en la actualidad toma la forma de una ideología anti-grupuscular (de tipo neo-luxemborgista) encarnada en la ideología de los Comités de Acción. Esta desintegración continuará y será entonces más pronunciada. Podemos contar, una vez más, con la inteligencia (burguesa) de E. Faure (Ministro de Educación Nacional) que contribuirá con todas sus fuerzas, al menos en las universidades.

            <No es más que el comienzo. ¡Continuemos el combate!> ¿Comienzo de qué? ¿Cuál combate? Esto conduce a la pregunta siguiente: ¿qué significa el término Movimiento Estudiantil?.

 

Hipótesis 1

 

            Quisiera comenzar con una observación: no solamente en Francia y en Italia, sino también en Alemania, en España y en los Estados Unidos, el <Movimiento Estudiantil> porta una nombre que no indica exactamente eso que en realidad es.

            A ese respecto, Mayo del ’68 en Francia ha sido una suerte de experimentación científica, una prueba de verificación en la cual hechos hasta ahora ocultos fueron descubiertos. Sobre todo, el hecho siguiente: si los estudiantes, en sentido estricto, tenían la supremacía y el rol principal, a menos al comienzo de los acontecimientos, también tenían la tendencia a no reconocer la presencia activa de otras capas, más importantes que ellos. En primer lugar, los estudiantes de secundaria: los “lyceéns” y los estudiantes del CET, al mismo tiempo que estudiantes más jóvenes todavía. Y, por encima y más allá de esos estudiantes, había importantes capas bien diferenciadas de jóvenes trabajadores intelectuales: jóvenes médicos, abogados, artistas, arquitectos, ingenieros, periodistas, pequeños y medianos administrativos, técnicos, docentes, investigadores y así sucesivamente.

            El hecho es que esta expresión tan vaga y unilateral, y por consecuencia, inexacta, el <Movimiento Estudiantil>, cubre una serie de acciones que convergieron en Mayo, acciones de diversas capas de jóvenes estudiantes y de diversas capas de jóvenes trabajadores intelectuales. Esa gran diversidad explica bien las cosas que tuvieron lugar en Mayo, tanto la convergencia de acción (por ejemplo, los excelentes afiches de los jóvenes artistas y arquitectos) como los enfrentamientos y las divergencias mismas. Esa gran diversidad estaba dominada por un elemento común. Una fuente ideológica común dominaba a esa masa, de orígenes pequeño-burgueses: la ideología pequeño-burguesa era dominante. Pero esa misma diversidad ayuda a comprender las diferentes variantes de la ideología pequeño-burguesa que fueron experimentadas en Mayo: el anarquismo libertario dominante, pero también el trotskismo, el anarco-sindicalismo, el guevarismo, y la ideología de la RCC. Habría que decir que la influencia directa de Marcuse, que ha sido importante para la juventud estudiantil de Alemania e Italia, fue prácticamente nula en Francia.

            Otra observación. El nombre de Movimiento Estudiantil se presta a una buena dosis de ambigüedad a la luz de esto que he dicho. Es verdad que los estudiantes tienen la tendencia de llamar a sus acciones <Movimiento>, lo cual es comprensible desde el punto de vista de sus intenciones, al mismo tiempo que desde el de su admiración por el Movimiento Obrero. Pero es complicado cederle ese nombre de pleno derecho. Desde mi punto de vista, si un movimiento como el Movimiento Obrero amerita ese nombre, es porque es el movimiento de una clase social (el proletariado), y aún más, el de la única clase objetivamente revolucionaria. Los estudiantes universitarios, de secundaria y los jóvenes trabajadores intelectuales no constituyen una clase, sino más bien <capas medias>, de ideología pequeño-burguesa. Además, no son objetivamente revolucionarios aún si ciertos de sus miembros pueden devenir en auténticos militantes revolucionarios (Marx y Lenin eran, justamente por sus orígenes sociales, intelectuales pequeño-burgueses). Que el <Movimiento Estudiantil> no es un verdadero Movimiento, es decir un movimiento unido, ha sido revelado en Mayo por los conflictos y las serias divergencias en las iniciativas y las acciones, y también por el hecho de que el Movimiento Estudiantil, en ciertos casos (por ejemplo, en Charléty), se dejó llevar por los ideólogos de un partido político, el PSU, cuya orientación fundamental no era estudiantil.

 

            Dicho esto, y sin querer negar a nuestros camaradas estudiantes el derecho de darse el nombre de <Movimiento>, ya que este expresa su aspiración a una acción unificada y a una organización unificada que vaya más allá de las experiencias e instituciones escolares y profesionales, y que ataque toda la estructura del Estado capitalista, es importante poner a este movimiento en perspectiva correctamente. Es necesario tener en consideración el elemento siguiente, que es fundamental: no es un movimiento que concierna a uno o dos países, sino que concierne a casi todos los países capitalistas, al mismo tiempo que a un cierto número de países socialistas. Este movimiento ha comenzado hace quince años, ha hecho importantes avances, al mismo tiempo que ha encontrado derrotas espectaculares en ciertos países (por ejemplo, el espléndido Movimiento estudiantil turco, aplastado por la dictadura fascista local), hasta culminar en Francia en Mayo del ’68.

            Un movimiento internacional que dura, nacido en 1955 y que alterna victorias y derrotas, regresiones y cambios de dirección espectaculares hasta el día de hoy ¿Cuál es entonces ese acontecimiento sin precedentes históricos, un acontecimiento que es seguramente irreversible más allá de sus inevitables derrotas, y que, una vez que ha comenzado, puede encontrar y ciertamente encontrará sus fracasos, pero no se detendrá nunca más?

            Para explicarlo, sobre la base de mis conocimientos limitados, propongo la hipótesis fundamental siguiente: ese movimiento internacional es una de las formas espontáneas de la lucha de clases, llevada adelante – generalmente en sus formas utopistas-izquierdistas – en un ambiente pequeño-burgués y provocada, en último término, por la crisis de la fase actual del imperialismo: la fase de su agonía.

            No es muy difícil encontrar pruebas del impacto de las luchas de clase internacionales antiimperialistas en el nacimiento y el desarrollo del Movimiento en cuestión. Por mencionar solo la más significativa, recordemos el efecto sobre los jóvenes estudiantes e intelectuales de la guerra de Algeria, la Revolución Cubana, la guerrilla en América Latina – donde el <Che> ha encontrado una muerte heroica, aunque políticamente costosa –, la prodigiosa y victoriosa lucha del pueblo vietnamita contra la agresión de la más grande fuerza militar, la RCC, la violenta revuelta de los norte americanos en las grandes ciudades de los Estados Unidos y la resistencia palestina. Esas luchas antiimperialistas han encontrado una fuerte receptividad en el seno de la juventud de nuestros países, comprendidos los jóvenes trabajadores (no olvidemos que fue en Francia en donde los jóvenes proletarios y campesinos fueron movilizados por la guerra de Algeria, que fueron ellos quienes paralizaron el <putsch> (golpe de Estado) de Salan e hicieron dudar a sus oficiales, y que no han olvidado esa lección).

            Naturalmente, esta receptividad no sería profunda si la sucesión de acontecimientos que puntuaron los años que van desde 1930 a 1960 no hubiera sacudido la ideología burguesa al punto de volverla extremadamente frágil y vulnerable. El fascismo de Mussolini; el nazismo de Hitler; la Guerra civil española y la derrota de los republicanos en los golpes del fascismo internacional; la Segunda Guerra Mundial; las revoluciones que resultaron en Europa Central, especialmente en China; la liberación política y por lo tanto social de los países del <Tercer Mundo>; las <victorias> como así también las derrotas (¡Corea, Vietnam!); las intervenciones políticas y militares directas de los Estados Unidos, que han devenido la única gendarmería internacional del imperialismo debido a la debilidad y a la contradicción de sus <aliados>; en breve, la manifestación pública de la impotencia política e ideológica de las gigantescas fuerzas militares y económicas de la burguesía – todos esos acontecimientos han reducido a casi nada, sino aniquilado completamente, la potencia, todavía impresionante hoy en día, de la ideología burguesa tradicional.

            Es un hecho histórico de primera importancia, y sería un error muy grave subestimarlo, esa derrota iniciada pero poco mencionada de la ideología dominante, que es la ideología de la clase dominante.

            Es un a derrota que se extiende al mundo entero. Esa derrota ha creado un vacío, una gran puerta abierta, que hace a la ideología marxista-leninista virtualmente hegemónica, aún si las capas pequeño-burguesas movilizadas buscan el camino a través del marxismo-leninismo en sus formas <infantiles>, utópicas e ideológicas. Después de todo, nosotros sabemos que el utopismo (anarquista, anarco-sindicalista, neo-luxemburguista y generalmente <izquierdista>) no es más que una enfermedad infantil que será curada, como ha dicho Lenin, <si es adecuadamente tratada>. 

            No deberíamos, en consecuencia, estar tan sorprendidos de que el efecto combinado de prestigiosos ejemplos de la lucha victoriosa contra el imperialismo, por un lado, y el vacío abierto por la derrota certera de la ideología burguesa, por otro, hayan podido abrir un vasto campo de batalla para la revuelta ideológica de la juventud intelectual y estudiantil.

            Además de esto, si se considera el desarrollo tendencial de la crisis económica del imperialismo, que afecta a la existencia material, no solamente de la clase obrera más explotada, sino también y tal vez sobre todo, por primera vez, directamente a la pequeña-burguesía, incluso en sus capas relativamente ricas (cuadros intermedios, ingenieros, docentes, investigadores, etc.), no parecerá sorprendente ver a sus propios hijos, angustiados por el desempleo que saben que les espera, lanzarse directamente a la batalla. Políticamente, económicamente e ideológicamente, la agonía del imperialismo ha creado condiciones para la juventud pequeño-burguesa en ciertos aparatos capitalistas del Estado, entre los cuales en primer lugar se cuentan los aparatos de inculcación ideológica, donde la ideología burguesa muestra de ahora en más su incurable debilidad: el sistema escolar.

            Mi hipótesis, por consiguiente, es que el <Movimiento> de los jóvenes estudiantes e intelectuales, tanto a nivel nacional como internacional, debe ser considerado como una revuelta ideológica (NB: una revuelta ideológica no es, en y por sí misma, como creen muy fácilmente los estudiantes, una revolución política) que ataca ante todo el aparato de sistemas escolares de los países capitalistas.

            Por ahora, ese es el estado en que se están las cosas. Pero pienso que si uno sabe de dónde vienen las cosas y en qué profundidad histórica se encuentran sus raíces, uno puede razonablemente predecir dónde van, o hacia cuales acontecimientos tienden, y dónde terminarán de hecho, después de numerosas y serias vicisitudes.

            No es la primera vez, en efecto, que los países capitalistas han sido el teatro de las revueltas ideológicas de sus jóvenes estudiantes e intelectuales. Las revueltas de los años 1920, el surrealismo en Europa del Oeste, e el Proletkult en Rusia, eran también revueltas ideológicas. Pero, por razones que tienen que ver con la situación mundial de esa época, la fuerza del imperialismo y la potencia de la ideología burguesa – o por otras razones (en el caso de Rusia) – esos movimientos no han cumplido sus promesas. No han ido jamás más allá de la enfermedad infantil, al menos en Europa del Oeste.

            Hay que remarcar que las masas de jóvenes son igualmente movilizadas, con gran entusiasmo, en la <revuelta ideológica> de los movimientos fascistas en Europa y Japón. Pero esa revuelta, odiosamente explotada por los dirigentes fascistas que la gran burguesía ha adoptado como dirigentes para lucha contra la clase obrera, ha sido desviada y podrida por los horribles métodos de los fascistas, y luego masacrada en las guerras de agresión de las potencias del Eje.

            Las cosas son completamente diferentes hoy en día. Los movimientos fascistas hoy no tienen prácticamente ninguna oportunidad de reclutar las legiones de entre los jóvenes estudiantes, a pesar de los peligros reales, objetivos e inminentes de una reacción neo-fascista de la clase dirigente. La burguesía haría mejor en resignarse al hecho de que ha perdido definitivamente el control ideológico de la mayor parte  de su juventud. Es por eso que nosotros podemos decir, sin miedo a engañarnos, y a pesar de las defecciones (que a veces pueden ser peligrosas, sin embargo, a causa del anticomunismo objetivo de algunos de sus elementos), que la revuelta ideológica mundial de los estudiantes es objetivamente y definitivamente progresiva, y que juega un rol positivo que no puede ser ignorado, en su nivel y con sus propios límites, en la lucha de clases internacional contra el imperialismo.

            Todo el problema, el problema crucial, que el Movimiento estudiantil debe afrontar y que no ha afrontado más que en términos míticos, es el siguiente: ¿en qué condiciones, en qué intervalo de tiempo, y luego de atravesar cuáles pruebas, el Movimiento estudiantil acertará al establecer una unión durable con el Movimiento Obrero y finalmente se fusionará con él?

            A propósito de esto, es necesario introducir un segundo hecho.

 

Hecho II

 

            Es necesario tener coraje para afrontar ese hecho con honestidad porque es grave. Y, justamente porque es grave, no ha sido afrontado con honestidad.

            Es algo que, en los términos de la lucha de clases internacional, es deplorable, pero desafortunadamente, es un hecho incontestable. Nuestros Partidos Comunistas momentáneamente – esperemos – pero efectivamente han perdido todo contacto ideológico y político con los estudiantes y los jóvenes intelectuales.

            El hecho de que hayan habido un esfuerzo por restablecer los contactos después de Mayo prueba simplemente que ese contacto no existía en Francia en Mayo. Yo creo que lo mismo sucede en otros países. El hecho de que Longo[3] haya juzgado indispensable recibir personalmente a los <dirigentes> del Movimiento estudiantil italiano es igualmente la prueba de que las Organizaciones Comunistas estudiantiles no podían, por ellas mismas, asegurar normalmente el contacto que habían perdido.

            El hecho es que en Mayo la UEC se ha visto completamente obsoleta por los acontecimientos. Las masas de jóvenes – estudiantes, trabajadores intelectuales y también un cierto número de obreros – han seguido a otros dirigentes; han combatido bajo otras reivindicaciones, no comunistas. Han seguido a Cohn-Bendit y su movimiento <22 de Marzo> que ni siquiera era una organización; siguieron a Sauvageot, que representaba a la UNEF que es a tal punto una organización fantasma que no tenía presidente luego de que el anterior había renunciado; siguieron a Geismar y por lo tanto a Herzberg, secretarios del SNES-SUP; algunos escucharon a Barjonet en Charléty, donde el PSU, que presidía la reunión, no pudo hacer hablar a Mendès-France, aunque estaba presente. No han seguido a la UEC, ni a los directivos del PCF o de la CGT salvo en la gran manifestación – que no ha continuado – del 13 de Mayo. Es cierto que participaron con entusiasmo, pero han seguido a la clase obrera más que al PCF o a la CGT. En masa, ni siquiera se mueven con sus propios grupúsculos que, en gran medida, han sido literalmente aplastados por el Movimiento estudiantil de Mayo.

            Es un hecho serio e impresionante, que amerita no solamente reflexión, sino también, y sobre todo, una documentación precisa y un profundo análisis. (¿Cómo sería posible una reflexión sin hechos y sin análisis?)

            ¿Por qué los PC’s, que después de todo están hoy representados entre los estudiantes por sus propias organizaciones, han prácticamente perdido todo contacto con la juventud estudiantil, a tal punto que han sido superados en Mayo por la ideología y las acciones espontáneas de estos últimos?

            Planteó simplemente la cuestión, sin tener la información necesaria para arriesgarme a formular una hipótesis. Ciertamente, en Francia, es necesario retornar a los efectos de la guerra de Algeria sobre los estudiantes, porque es a causa de esos efectos que la UEC ha sufrido dos escisiones muy serias y perjudiciales, y cada una de ellas ha tenido un alcance tanto para los miembros de la organización como para la organización, debilitándola considerablemente. Debemos mencionar ciertamente la influencia de la RCC, y los lemas divisionistas con los cuales el PCC ha dirigido los movimientos más allá de China. Pero, esos no son más que elementos parciales en un sistema general de causas, y ese sistema debe ser analizado al mismo tiempo en detalle, y más claramente, como un todo, porque concierne no solamente a la juventud de una sola nación, sino a la juventud del más grande partido de los países capitalistas, como así también de ciertos países socialistas.

            Sean cuales fueren las causas últimas de esta pérdida de contacto, una cosa es segura: ha ayudado a impulsar la revuelta de la juventud hacia eso que impropiamente se llama izquierdismo. El término es impreciso porque es necesario especificar las diversas formas que el izquierdismo toma –  de entre las cuales algunas son antagonistas, como lo prueban ampliamente las divisiones que reinan hoy entre los restos de los grupúsculos y sus ex adherentes. Es igualmente necesario especificar de aquel del que hablamos nosotros es el izquierdismo pequeño-burgués, y no el izquierdismo proletario del cual ha escrito Lenin en su obra sobre el Izquierdismo, obra muy a menudo citada sin discriminación. De la misma manera es necesario especificar que, cuando Lenin pensaba que el izquierdismo proletario era <mil veces menos peligroso que el doctrinarismo de derecha> para la revolución, y relativamente fácil de <tratar>, como enfermedad infantil del Movimiento Obrero, las fórmulas de Lenin no pueden ser aplicadas directamente al izquierdismo de los estudiantes pequeño-burgueses.

            Puede afirmarse sin miedo que el izquierdismo pequeño-burgués, bien que <infinitamente menos peligroso que el doctrinarismo de derecha> y al mismo tiempo menos peligroso que el izquierdismo proletario, será sin embargo infinitamente más difícil de tratar que el izquierdismo proletario. Porque está claro que los pequeño-burgueses no tienen el remedio <natural> del }<instinto de clase proletario>, sino al contrario tienen un <instinto de clase pequeño-burgués>, que es increíblemente difícil de transformar en <posición de clase proletaria>.

            Todas estas condiciones específicas hacen necesario un tipo muy especial de <tratamiento> para ese izquierdismo intelectual y estudiantil. Como Lenin ha dicho de los movimientos juveniles en 1916, uno debe <ayudarlos. Debemos mostrar la más grande paciencia cuando cometen errores, y tratar de corregirlos poco a poco preferentemente por la persuasión, y no por la lucha>.

 

            Para definir una línea en relación a la compleja ideología izquierdista de la juventud, es necesario satisfacer ciertas condiciones indispensables:

1. Usando todas las formas de análisis sociológico (económico, político e ideológico) necesarias para comprender la especificidad de eso que sucedió en la sensacional huelga de Mayo, es esencial restablecer el orden histórico de las cosas: debemos partir de afirmar la primacía histórica de la huelga general de 9 millones de obreros (que ha barrido la ideología de Marcuse y sus seguidores) sobre la acción de los estudiantes y de la juventud intelectual. Este análisis tendrá la inmensa ventaja, si es realmente detallado, no sólo de aclarar a la clase obrera sobre sus fuerzas y debilidades – y a partir de eso sobre sus prodigiosas capacidades de intervención revolucionaria – pero también de educar a los jóvenes estudiantes e intelectuales en cuanto a la realidad de la clase obrera y del Movimiento Obrero, de los cuales tienen necesariamente una idea deformada, más allá de los contactos que han tenido con algunos jóvenes trabajadores (algunos jóvenes trabajadores no son la clase obrera). Este análisis debe igualmente sacar a la luz la casi total abstención en Mayo del proletariado rural, de los campesinos pobres y de los pequeños agricultores, para quienes la reivindicaciones y la cólera son bien conocidas ¿Por qué se abstuvieron? Para averiguarlo, es necesario dejar de lado un cuadro de referencia nacional y hacer referencia al contexto internacional, al imperialismo y a la lucha internacional contra el imperialismo, y las condiciones muy complicadas creadas por la división del Movimiento Comunista Internacional, pues la realidad y los partidos constituyentes no pueden ser ignorados.

2. Es igualmente esencial iniciar un estudio profundo de las causas nacionales e internacionales que se encuentran antes de la revuelta ideológica de los estudiantes y los jóvenes intelectuales. Este análisis tendrá la inmensa ventaja de aclarar a los jóvenes sobre las causas que hicieron brotar la acción; sobre la necesidad de los acontecimientos que experimentaron como <libres>; sobre las dificultades en los impasses sobre los cuales debaten y van a continuar debatiendo. Eso hará comprender los límites y los errores de las formas espontáneas de la ideología pequeño-burguesa que gobernaron sus acciones históricas en Mayo; y les preparará para unirse con la clase obrera, a reconocer el principio (afirmado con una incomparable claridad por Lenin) de la dirección de la lucha revolucionaria para la clase obrera, y de afrontar, en términos precisos, el problema que en el presente los atormenta: el problema de la necesidad de la organización (porque algunos sienten, y otros de entre ellos saben, que ninguna acción política es posible sin organización). Además, un tal análisis nos permitirá hacerles comprender a los obreros las causas y el sentido de la revuelta ideológica de la juventud estudiantil e intelectual, y al mismo tiempo las causas de las reacciones utópicas de los estudiantes, que, con razón, desconcertaron a los obreros y les hizo tomar una actitud general de sospecha – si no directamente de desconfianza. Naturalmente, un análisis de esta naturaleza deberá ser efectuado, como yo creo haberlo dicho claramente, a un nivel a la vez nacional e internacional.

3. En fin, es esencial iniciar un análisis minucioso de las razones que condujeron a la anormal pérdida de contacto (práctico, político e ideológico) entre la mayoría del PC y la juventud. Debemos llegar al fondo de las cosas – incluso si esto significa introducir razones de orden internacional, desde que el fenómeno excede el marco de tal o cual nación – para identificar las causas propiamente nacionales del fenómeno. Sin esto, las tentativas actualmente hechas por nuestros Partidos para restablecer los lazos con los estudiantes y con la juventud intelectual corren el riesgo de rellenar el vacío de método y de una línea justa, que fue casi fatal en Mayo. Por supuesto, los resultados de este análisis final deben buscar su lugar – puede ser un lugar limitado, pero de todas maneras innegable – en el análisis de las razones del ascenso masivo de todas las diversas ideologías izquierdistas que, sin tratamiento paciente y apropiado, amenazan con dominar por un largo tiempo a la juventud.

 

 

Louis Althusser, Lettre à Maria Antonietta Macciocchi datada el 15 de marzo de 1969, en Maria Antonietta Macciocchi, Cartas desde adentro del Partido Comunista Italiano a Louis Althusser, Londres, NLB, 1973, traducido al inglés por Stephen M. Hellman, p. 308-319.

Retraducido al francés por Julien Girval-Pallota        

 


[1]     La carta final de Macciocchi a Althusser data del 1° de julio de 1968 expone claramente una de las cuestiones del libro (sino la principal): proponer una crítica del funcionamiento burocrático y electoralista del partido. Se puede citar un pasaje significativo: <Si yo debiera, como conclusión de estas cartas, decir cuál es el problema de los problemas, teniendo en consideración las cosas vistas, entendidas, dichas, escritas, yo diría que es el problema del partido, que no puede ser separado de su línea política. Más concretamente: ¿qué debe hacerse para transformar la enorme carga de energía liberada por el partido en el curso de una campaña electoral, en carga revolucionaria permanente?”>.

[2]     Hoy el artrículo titulado A propósito del artículo de Michel Verret sobre el Mayo estudiantil puede encontrarse en el volumen PenseR – Louis Althusser, Le Temps des Cerises, coll. Les dossiers de La Pensée, Paris, 2006, p. 63-84.

[3]     Luigi Longo, en ese entonces secretario general del P.C.I.

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